domingo, 18 de abril de 2010

Devastación


Le costó abrir los ojos. Oyó ruidos, como un arrastrar de cosas, como un temblor extraño. Creyó estar inmerso en una pesadilla. No lograba tomar noción de la realidad. Respiraba con dificultad. Lo invadió un olor ácido y nauseabundo. Notó que le dolía el cuerpo. Trató de incorporarse, tal vez así podría despertar. Con desesperación logró sentarse y mirar alrededor. Todo era oscuridad salvo por algunos focos de fuego que podía ver a cierta distancia. Se preguntó qué había sido de su casa. Todo era destrucción.
Alzó la vista. Temió que las espesas nubes negras que permanecían sobre su cabeza cayeran sobre él y lo ahogaran. Se incorporó y notó sus ropas quemadas, algunas adheridas a su piel sangrante. No le importó. Caminó unos pasos y subió sobre algunos escombros para ver más a la distancia. Encontró pedazos de muebles que reconoció eran suyos en un revoltijo de peldaños de escalera, elementos de cocina, una canilla, un pedazo de inodoro, la tapa de la heladera.
Había perdido el control sobre su cuerpo que convulsionaba a pesar de los esfuerzos que hacía por controlarse. Se dejó caer de rodillas y comenzó a llorar hasta que su llanto se hizo un grito desgarrador que resonó a la distancia.
Entonces volvió a sentir ese movimiento que sacudía la tierra arrasada. Notó que se acercaba más y más. Para mitigar su desesperación comenzó a rezar, temblaba y estaba perdiendo la conciencia cuando se atrevió a levantar la cabeza y mirar hacia donde provenía el tronar que retumbaba en sus sienes. Su corazón en un latir enloquecido no lo resistió. Los ojos desmesuradamente abiertos reflejaron una imagen indescriptible.

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